|
Todavía me acuerdo de cuando te conocí.
Nos presentó Trujillo, el Trujo, como le llamabas.
Amigos desde la infancia, vuestras vidas
corrieron en paralelo durante muchos, muchos años.
No tenías un carácter fácil: eras muy
picón o, como ahora se dice, te mosqueabas con mucha facilidad, y el
leve entrecejo que siempre tenías marcado nos lo daba a entender. pero
como le cogieras cariño a alguien ya podíamos apostar que iba a ser para
siempre.
Tu andadura profesional y la de "el
Trujo" empezaron a la vez y, en aquellos años en los que el bolsillo
casi siempre estaba vacío pero la cabeza estaba llena de sueños y
esperanzas, fuiste, junto a tu mujer y tu primer hijo, la mejor familia
que unos chiquillos recién casados pudieran soñar.
¿Te acuerdas, Lele, cuántos
caracoles con alioli y cuántos mejillones al vapor comimos durante
aquellos años en Lérida? Era lo más baratito que había en el mercado,
pero ahora sé lo bien alimentados que estábamos. Si, además, estaba
acompañado de muchas risas y algunas discusiones, nos sentíamos felices
y satisfechos.
¿Y las piscinas? Las Balsas, se
llaman en Lérida, pero ya en el '73 nos dejaban con la boca abierta al
ver aquel complejo en donde pasábamos los días que librabais porque para
los funcionarios la entrada era gratuita. Así que, ¿de qué mejor manera
pasar el caluroso verano de allí?
Y cuando te hospitalizaron y Fali y
el niño se vinieron a casa a vivir...Y cuando volvió a quedarse
embarazada y cosíamos juntas ropa premamá...
¿Te acuerdas?, ¿sí?, ¿te acuerdas?...
Hasta AYER sabía que sí, y quien dice ayer
dice hasta hace muy poco y me decías que aún lo recordabas como se
recuerdan los buenos momentos...pero HOY sé que ya no me lo puedes
decir, que ese zarpazo que te dio la vida tan a destiempo ha vuelto con
tantas ganas que ha borrado hasta tu ceño fruncido, tan tuyo.
Por eso sé que lo que se adivina bajo las
sábanas es sólo un cuerpo dañado al que su familia no descuida ni un
momento, pero que tú, EL LELE, estás flotando entre nosotros, y
sé que encontrarás la manera de decirnos que hay cosas que no se olvidan
ni con la enfermedad, ni con la misma muerte.
TE QUIERO, LELE |